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Domingo, 29 de diciembre

TERSITES

21:30h

ENTRADA 10€

Detrás de Tersites se esconde Luis Palop, un músico de vocación que a los 13 años escuchó el solo de Sultans of swing y descubrió que eso era a lo que quería dedicarse en la vida. Como la vida es lo que te pasa mientras haces otros planes, su carrera profesional tomó otros derroteros alejados de la música. Pero su vocación no desfalleció, y, en lo que solo puede describirse como un precario equilibrio vital, ha compaginado su dedicación profesional con su vida secreta detrás de una guitarra. Ha formado parte de muchos grupos, primero como guitarrista, hasta que un día las circunstancias le obligaron a ponerse también detrás de un micrófono y desde entonces también canta, lo que ha complicado notablemente su vida secreta. Tiene los pies muy hundidos en la música tradicional americana; encabezó la banda de blues que organizaba las jam sessions del Soul Club en Malasaña (Let me play band se llamaba aquello), interpretó a su manera el rock sureño en formaciones como Insert Coin y finalmente dio rienda suelta a sus composiciones en Malbicho, donde la influencia de cantautores como Serrat o grupos autóctonos como los Enemigos le animaron a escribir letras en español. Las letras son, desde entonces, piedra angular de su música. Su afición por la literatura se ha expandido a un par de libros publicados. 

Tras un periodo alejado de los escenarios, el picor irremediable de la música empezó a reclamarle de nuevo con fuerza. Es entonces donde inicia una carrera en solitario bajo el seudónimo de Tersites. Tersites es un personaje de la Ilíada que Homero describe como tuerto, con chepa, calvo, tartamudo y pusilánime en comparación con los grandes héroes de Troya, pero que hace gala de un sentido común incomprensible a sus congéneres, que lo maltratan inclementes. ¿Cómo no sentirse identificado con este primer antihéroe de la historia? Como Tersites, Luis Palop ha grabado un primer álbum –“Invisible”- que intenta saldar la deuda de sus varios años inactivo. Lo dilatado de su composición hace que sea un disco bastante heterogéneo que explora las posibilidades de su nueva circunstancia. Grabado de forma completamente amateur, cuenta con la mezcla –casi milagrosa- de Martín Vial.

El disco que ahora presenta ha contado con otros mimbres muy diferentes para su alumbramiento. Es un disco pensado en su concepto desde su origen y en todo el proceso ha estado presente Carlos Sainz: productor, técnico, músico, arreglista y amigo. La aproximación progresiva a la música folk –desde el country al blue grass, pasando por el folk más de autor- planea en cada composición, si bien se pretendió desde el inicio dotar de cierta homogeneidad sonora, tomando como referencia el sonido country-folk moderno de músicos como Father John Misty, Jason Isbell o John Paul White. En las conversaciones que precedieron a la grabación también sonaron nombres como White Buffalo, Ben Harper o Colter Wall. Sin embargo no hemos podido evitar que se cuelen nuestras obsesiones en lo que un amigo común ha descrito como “un acto de dos yihadistas de la guitarra”. Hay muchas guitarras. Lo sabemos.  

También la composición y la temática funcionan como un todo y no como una colección de canciones inconexas. Es un disco triste porque cuenta una historia de desamor triste, con concesiones a la esperanza y una pizca de cinismo como antídoto a un mundo que, nos van a permitir, cada vez comprendemos menos. Entre otras cosas por dar la espalda la música que amamos.

La banda está formada por Carlos Sainz a la guitarra (Miguel Ríos, Carlos Baute), César Araque a la batería (Jorge Drexler, Toreros Muertos, Tam-Tam Go), Víctor Alonso a los teclados (José María Cano, Chenoa, Pitingo), Juan Modesto al bajo (Bye bye Lullaby, Alejandro Lucas, Big Meano) y Luis Palop a la guitarra y la voz.

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